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May
08

Pensamiento crítico vs. macaneo (De Mario Bunge)

Mensaje enviado a la Primera Conferencia Iberoamericana sobre Pensamiento Crítico desde Montreal, Canadá

extraido de: http://www.cfiargentina.org/cfiarg2/bunge.htm

Nuestra especie, Homo Sapiens Sapiens, emergió hace apenas 50.000 años. El pensamiento crítico es muchísimo más joven: nació en Grecia y en India hace apenas 26 siglos. Antes de ese evento, toda la gente se guiaba exclusivamente por la experiencia cotidiana o la fantasía sobrenaturalista, ya religiosa, ya secular.

Entonces nadie pedía pruebas de las hipótesis con que se pretendía explicar la realidad. En particular, nadie osaba dudar de las afirmaciones de los sacerdotes, shamanes, o gobernantes. Era la época de oro de los poderosos, que se salían con la suya con sólo exclamar “¡Síganme!”. Nadie les preguntaba por qué había que seguirles.

Tales de Mileto, famoso por el teorema que lleva su ombre, creó la primera cosmovisión occidental secular y racional, aunque fantasiosa vista a luz de la ciencia moderna. Tales también fue el primero en proponer una explicación científica del eclipse solar, que tanto asustaba a los antiguos, y el que atribuyó correctamente a la ocultación del Sol por la Luna, y no a dioses, demonios o magos.

El pensamiento crítico supera tanto al mágico como al religioso, a las ideologías tradicionales, a las seudociencias y a las seudofilosofías como la fenomenología y el existencialismo. Todas estas doctrinas son dogmáticas. Por ello todas ellas merecen la crítica del pensador riguroso.

Por ejemplo, el pensador crítico le exige al teólogo que pruebe la existencia de Dios; al neoliberal, que pruebe que el libre comercio elimina la pobreza y que las elecciones bastan para asegurar la democracia; al marxista-leninista, que pruebe que el Estado asegura la socialización de los medios de producción y que la dictadura lleva a la soberanía popular; al psicoanalista, que pruebe la existencia del alma trina e inmaterial y del complejo de Edipo; y al fenomenólogo, que pruebe que, para aprehender la esencia de las cosas, es necesario “ponerlas entre paréntesis”, o sea, fingir que no existen fuera del sujeto, en lugar de investigarlas científicamente.

Por ser antidogmático, el pensador crítico se expone a ser censurado, discriminado, perseguido o asesinado por los poderes que necesitan que los de abajo crean ciertos dogmas. Los argentinos saben algo de esto, porque vivieron muchos años a la sombra de la cruz, de la espada, de la llamada doctrina nacional, u otras supersticiones.

Por ejemplo, hace tres décadas, un tal Raúl Mendé, director de la Escuela Superior Peronista, declaró que “Perón no se equivoca ni puede equivocarse jamás. […] Porque todos los genios y los grandes hombres han padecido errores y defectos. Todos menos Perón.” Que yo sepa, el Nuncio Apostólico no protestó contra esta infracción al monopolio de la infalibilidad que se le atribuye al papa.

En la misma época floreció el tenebroso José López Rega (a) El Brujo, ministro peronista que había escrito libros sobre astrología, y que organizó la famosa Triple A, causante del exilio de miles de opositores, muchos de ellos científicos, y otros psicoanalistas, unos y otros considerados como competidores de las supersticiones que gozaban del beneplácito del gobierno.

Años después, Los psicoanalistas se vengaron. Al regresar del exilio organizaron Facultades de Psicología en las que no hay ni un sólo psicólogo científico, ni un sólo laboratorio psicológico. Que es como si las facultades de ciencias enseñaran alquimia en lugar de química, creacionismo en lugar de evolucionismo, y “medicinas” alternativas en lugar de medicina científica. Más aun, dado que incluso los taxistas porteños hablan de psicoanálisis, y los profesores de epistemología lo presentan como ciencia, la prensa no se atreve a publicar críticas a esta superchería.

Prueba al canto: hace cinco años, cuando se cumplió un siglo de La interpretación de los sueños, el Evangelio según San Segismundo, el decano de la prensa argentina rechazó un artículo mío sobre el tema. En él yo afirmaba que algunos dogmas de Freud fueron sometidos a pruebas experimentales, de las que salieron malparados, y que ninguno de ellos fue confirmado experimentalmente.

También informaba yo que en 2000 unos psicoanalistas neoyorkinos habían publicado un artículo en el International Journal of Psychoanalysis , en el que, después de reconocer que durante un siglo no había habido pruebas experimentales de su Evangelio, afirmaban haber realizado el primer experimento sobre la eficacia terapéutica de la doctrina. Pero, dado que ignoraban el ABC del método experimental, esos creyentes no habían incluido un grupo de control: sólo habían tenido en cuenta los presuntos resultados favorables que exhibían sus clientes.

Termino. Hubo un tiempo en que la clase dirigente argentina, aunque no creía en la justicia social, ni siquiera en la democracia política, creía en la ciencia. A esto se debieron creaciones tales como el Observatorio Astronómico Nacional, la Academia Nacional de Ciencias, la Universidad Nacional de La Plata, el primer laboratorio de psicología experimental en América Latina, las investigaciones paleontológicas de los hermanos Ameghino, y la inclusión de cursos obligatorios de ciencias en las escuelas secundarias.
Esa ideología procientífica pasó a la defensiva el 6 de setiembre de 1930, cuando fue reemplazada por el catolicismo agresivo, el fascismo de la Legión Cívica Argentina, el existencialismo, y otros yuyos. Durante esos años, el ministro del interior, apodado El Enterrador, exhibía orgullosamente retratos firmados de Hitler y Mussolini. Y el Ministro de Instrucción Pública, cuyo texto de zoología era obligatorio, declaraba su hostilidad a la biología evolutiva y enseñaba su propia teoría fantasiosa de la mitosis.

Desde entonces, la ciencia argentina avanzó mucho, luego retrocedió, más tarde se recuperó y ahora está estancada. Pero, a diferencia de lo que ocurrió entre 1880 y 1930, los avances de la ciencia fueron anulados
por los de las seudociencias. El país nunca volvió a tener un presidente ni un ministro procientíficos como Domingo F. Sarmiento y Joaquín V. González respectivamente. En cambio, se convirtió en el paraíso de astrólogos, homeópatas, psicoanalistas y shamanes de otras escuelas, todas ellas lucrativas y ninguna exploradora de la realidad.

¿No es hora de que los intelectuales argentinos aprendan a distinguir la moneda cultural falsa de la auténtica, el dogma de la hipótesis contrastable, y el macaneo desenfrenado del pensamiento crítico?


2 Respuestas a “Pensamiento crítico vs. macaneo (De Mario Bunge)”


  1. Octubre 13, 2008 a las 5:01 pm

    Hey, me da mucho gusto leer un artículo como este, sobre todo si es escrito por alguien de Argentina, pues apoyo al 100% tu postura.

    Aquí en México la situación no es tan diferente, bueno, habiendo tanto problema en mi país, es lógico pensar que la ciencia sea uno de los últimos temas en tratar.

    Te paso la dirección de mi blog, espero puedas aportar algo:

    conductaprendida.blogspot.com

    Saludos y felicidades por el artículo.

  2. 2 lizmaireth Becerril Martínez
    Septiembre 25, 2009 a las 9:19 pm

    es verdad lo k dice este texto


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