11
Oct
09

conversaciones sobre Freud (Wittgenstein) – 1º Parte

En estas discusiones Wittgenstein se mostraba crítico con Freud. Pero también ponía de relieve cuánto interés encierra, por ejemplo, lo que Freud dice sobre la noción de «simbolismo onírico» o su sugerencia de que al soñar estoy «diciendo algo» en algún sentido. Intentaba separar en Freud lo valioso y el «modo de pensar» que quería combatir.
Me contó que cuando estaba en Cambridge antes de 1914 pensaba que la psicología era una pérdida de tiempo.

Ludwig Wittgenstein

Ludwig Wittgenstein

(Aunque no era un ignorante en ella. Le escuché explicar a un estudiante la ley de Weber-Fechner de un modo que no podía provenir simplemente de la lectura del artículo de Meinong o de sus discusiones con Russell.) «Pero algunos años más tarde leí algo de Freud y quedé muy gratamente sorprendido. Había allí alguien que tenía algo que decir.» Creo que esto era poco antes de 1919. Y durante el resto de su vida Freud fue uno de los pocos autores que consideró dignos de leer. En la época de estas discusiones acostumbraba a hablar de sí mismo como de «un discípulo de Freud» y de «un seguidor de Freud».
Admiraba a Freud por las observaciones y sugerencias de sus escritos, por «tener algo que decir» incluso allí donde, según su opinión, estaba equivocado. Por otro lado, pensaba que la enorme influencia del psicoanálisis en Europa y América era perjudicial, «aunque pasaría mucho tiempo antes de liberarnos de nuestra sumisión a él». Para aprender de Freud hay que ser crítico, y el psicoanálisis por lo general lo impide.
Hablé una vez del daño que se produce al escribir, cuando un autor intenta introducir el psicoanálisis en su relato. «Por supuesto, no hay nada peor», dijo. Siempre estaba dispuesto a ilustrar con relatos lo que Freud quería decir, pero recurría a historias escritas con independencia del psicoanálisis. Una
vez, Wittgenstein estaba refiriendo algo que Freud había dicho y el consejo que le había dado a alguien, y uno de nosotros replicó que tal consejo no parecía muy sabio. «¡Oh, ciertamente que no!», dijo Wittgenstein. «Pero sabiduría es algo que yo nunca esperaría de Freud. Inteligencia sí, pero no sabiduría.» Sabiduría era algo que admiraba en sus narradores favoritos: en Gottfried Keller por ejemplo. El tipo de crítica que ayudaría en el estudio de Freud tendría que ir a lo profundo, y eso no es corriente.

RUSH RHEES

WITTGENSTEIN
(Notas de R.R. tomadas tras una conversación, verano de 1942.)

Cuando estudiamos psicología podemos sentir que hay algo en ella de insatisfactorio, alguna dificultad con respecto al sujeto entero de estudio: la causa es que tomamos a la física como nuestro ideal de ciencia. Pensamos en formular leyes como en la física. Y entonces nos damos cuenta de que no podemos usar el mismo tipo de «métrica», las mismas ideas de medición que la física. Esto resulta especialmente claro cuando intentamos describir fenómenos: las mínimas diferencias perceptibles de los colores; las mínimas diferencias perceptibles de la longitud, etc. Parece que aquí no podemos decir: «Si A=B, y B=C, entonces A=C», por ejemplo. Y esta clase de dificultad se extiende a todo este asunto.
O supongan ustedes que quieren hablar de causalidad en el ámbito de los sentimientos. «El determinismo se aplica a la mente tanto como a los objetos físicos.» Esto es oscuro, porque cuando pensamos en leyes causales de objetos físicos pensamos en experimentos. No tenemos nada parecido en el ámbito de los sentimientos y de la motivación. Y, a pesar de eso, los psicólogos pretenden decir: «Tiene que haber alguna ley», aunque no se ha encontrado ley alguna. (Freud: «¿Quieren decir, caballeros, que los cambios en los fenómenos mentales son guiados por el azar?») Mientras que a mí lo que me parece importante es el hecho de que en realidad no haya leyes así.
La teoría de los sueños de Freud. Él pretende decir que, sea lo que sea lo que suceda en un sueño, siempre se descubrirá que está conectado con algún deseo que el análisis puede sacara la luz. Pero este procedimiento de la libre asociación, etc., es curioso, porque Freud nunca muestra cómo sabemos dónde hay que parar, dónde está la solución correcta. Unas veces dice que la solución correcta, o el análisis correcto, es aquella que satisface al paciente. Otras dice que es el médico quien sabe cuál es la solución correcta o el análisis correcto del sueño, mientras que el paciente no lo sabe: el médico puede decir que el paciente está equivocado.
No parece que sea evidente la razón por la que llama correcto a un cierto tipo de análisis y no a otro. Tampoco lo es la afirmación de que las alucinaciones, e igual los sueños, son realizaciones de deseo. Suponga que una persona hambrienta tiene una alucinación de comida. Freud quiere decir que una alucinación de cualquier cosa requiere una energía tremenda: no es algo que pueda suceder normalmente, sino que la energía se genera en las circunstancias excepcionales en las que el deseo de comida de una persona es incontenible. Esto es una especulación. Es el tipo de explicación que nos inclinamos a aceptar. No se propone como resultado de un examen detallado de variedades de alucinaciones.
Freud en sus análisis proporciona explicaciones que mucha gente se siente impulsada a aceptar. Él enfatiza, por el contrario, que la gente se siente des-impulsada a ello. Pero si una explicación es tal que la gente siente rechazo a aceptarla, es muy probable que sea también de las que la gente se siente impulsada a aceptar. Y, de hecho, esto es lo que el caso de Freud ha puesto de manifiesto. Tomemos la idea de Freud de que la ansiedad es siempre de algún modo una repetición de la ansiedad que sentimos en el nacimiento. Él no afirma esto aportando pruebas: no podría. Pero es una idea que posee una atracción considerable. Posee la atracción de las explicaciones mitológicas, que dicen que todo esto es una repetición de algo que ha sucedido antes. Y cuando la gente acepta o adopta esto, ciertas cosas le parecen mucho más claras y fáciles. Así sucede también con la noción de inconsciente.
Freud pretende encontrar pruebas en recuerdos sacados a luz en el análisis. Pero a partir de cierto momento ya no está claro hasta qué punto esos recuerdos río se deben al analista. En cualquier caso, ¿muestran ellos que la ansiedad era necesariamente una repetición de ansiedad original?
El simbolismo en los sueños. La idea de un lenguaje onírico. Piensen en la interpretación de un cuadro como imagen de un sueño. Un día en Viena yo (L.W.) visité una exposición de cuadros de una joven artista. Había uno que representaba una habitación vacía parecida a un sótano. Dos hombres con sombrero de copa sentados en sillas. Nada más. Y el título: Besuch («Visita»). Al verlo dije inmediatamente: «Esto es un sueño». (Mi hermana describió el cuadro a Freud, y éste le dijo: «Oh, sí, se trata de un sueño muy común» relacionado con la virginidad.) Adviertan que el título es el que lo cataloga como sueño, con lo que no quiero decir que la pintora soñara algo parecido mientras dormía. Ustedes no dirían de cualquier cuadro «Esto es un sueño». Y esto muestra que existe algo parecido a un lenguaje onírico.
Freud menciona varios símbolos: los sombreros de copa son normalmente símbolos fálicos; los objetos de madera, como las mesas, son mujeres; etc. Su explicación histórica de esos símbolos es absurda. Podríamos decir que no se la necesita para nada: es la cosa más natural del mundo que una mesa signifique eso.
Pero el soñar -el usar este tipo de lenguaje-, aunque puede usarse en referencia a una mujer o a un falo, también puede usarse sin referencia alguna a ellos. Si se muestra que a menudo algunas actividades se llevan a cabo con un fin determinado -golpear a alguien para infligirle dolor-, apuesto cien contra uno a que bajo otras circunstancias diferentes también se llevan a cabo y no con ese propósito. Puede que él sólo quisiera golpearlo sin pensar en causarle dolor alguno. El hecho de que nos inclinemos a interpretar el sombrero como un símbolo fálico no quiere decir que la artista necesariamente se estuviera refiriendo de algún modo a un falo cuando lo pintó.
Consideren esta dificultad: si un símbolo en un sueño no es comprendido no parece ser símbolo alguno. Entonces, ¿por qué llamarlo así? Pero supongan que tengo un sueño y acepto una interpretación determinada de él. Entonces -cuando superpongo la interpretación al sueño- ya puedo decir: «Ah, sí, la mesa evidentemente corresponde a la mujer, esto a aquello, etc.»
Supongan que hago rayas en una pared. De algún modo eso se asemeja a escribir, pero es una escritura que ni yo ni nadie reconocería o entendería. Así que digamos que garabateo. Luego comienza un analista a formularse preguntas, a buscar asociaciones, etc.; y así llegamos a una explicación de por qué hago eso. Entonces ya podemos correlacionar las diferentes rayas que hice con los diferentes elementos de la interpretación. Y podemos referirnos al garabateo como a una especie de escritura, como al uso de un tipo de lenguaje, aunque no fuera entendido por nadie.
Freud reivindica constantemente su condición de científico. Pero lo que ofrece es especulación, algo previo incluso a la formación de hipótesis.
Él habla de superar resistencias. Una «instancia» es engañada por otra «instancia». (En el sentido en que hablamos de «un juzgado de segunda instancia» con autoridad para revocar la sentencia de un tribunal inferior -R.) Se supone que el analista es más fuerte, y capaz de combatir y superar el engaño de la instancia. Pero no hay manera de mostrar que el resultado entero del análisis no pueda ser «engaño». Es algo que las gentes se inclinan a aceptar y que les hace más fácil seguir ciertos caminos: hace que ciertos modos de conducta y pensamiento les resulten naturales. Han abandonado un modo de pensar y han adoptado otro.
¿Podemos decir que hemos expuesto la naturaleza esencial de la mente? ¿No podría haberse tratado el asunto entero de otro modo?

N del R: Fin 1º Parte

29
Oct
08

Personalidad y modelado

… Durante la etapa básica, la estructura biológica de un niño es más efectiva para interactuar con el medio y su funcionamiento biológico es más eficiente y menos forzado. Por esto, existe más oportunidad y está disponible una mayor cantidad de energía para el desarrollo de conductas psicológicas. Cuáles repertorios se desarrollen en un infante dependerá en gran parte de las condiciones sociales que prevalezcan en su familia, que es la fuente principal de variables estimulacionales que vienen al caso. Por supuesto, otras fuentes son la constitución biológica del niño, en la cual los procesos hereditarios juegan un importante papel, además de las influencias de otra gente en el hogar y en la comunidad inmediata.

Es durante la etapa básica que se establecen muchas de las maneras individuales de conducirse, es decir, es cuando se construye la “estructura de la personalidad”. casi todas las actividades de la madre -no sólo las involucradas en el cuidado del niño- y de otros miembros de la familia pueden proporcionar ocasiones y contingencias que guien al pequeño en la adquisición de sus discriminaciones y formas de conducta fundamentales. Se dice a menudo que la familia es la primera institucion educativa del niño, la cual a través de procedimientos formales e informales, le enseña discriminaciones selectas, habilidades motoras y verbales escogidas, y repertorios más allá de la simple prensión, locomoción, conductas de tacto y mandato; sistemas de respuestas del papel social, preferencias por las comidas, preferencias por las actividades, intereses y caracteristicas “temperamentales”; y repertorios emocionales especialmente en relación a la estimulación aversiva condicionada y al reforazamiento positivo siguiente a la privación…

Bijou, Sidney W. & Baer, Donald. Psicología del desarrollo infantil. Teoría empírica y sistemática de la conducta. Editorial Trillas. 10ma reimpresión (1980). Mexico D.F.

23
Jun
08

La ciencia cognitiva es el creacionismo de la psicología

Después de casi un siglo y medio, la evolución todavía no se comprende del todo. Es vigorosamente rechazada por los defensores de un creador. Como resultado, todavía es imposible enseñar biología de forma apropiada en muchas escuelas norteamericanas. Se ha propuesto que se enseñe en su lugar una ciencia creacionista. El papel de la variación y la selección sobre el comportamiento del individuo sufre de la misma oposición. La ciencia cognitiva es el creacinismo de la psicología, mientras esta luche por mantener la postura de la mente o el sí mismo.

La historia de la psicología es informativa. Comenzó, hace 100 años, con una búsqueda introspectiva de la mente. Watson atacó la introspección en su manifiesto conductista de 1913, y por esta y otras razones la
introspección fue esencialmente abandonada. Los conductistas cambiaron al estudio del comportamiento propiamente dicho, y los psicólogos no conductistas cambiaron al estudio del comportamiento de profesores, estudiantes, terapeutas, clientes, niños que van creciendo de año en año, gente en grupos, etc.
Los psicólogos cognitivos intentaron restaurar el status quo. El conductismo declararon, estaba muerto. No querían decir que los psicólogos no estudiaran más el comportamiento, de animales en el laboratorio y de los profesores, estudiantes, terapeutas, clientes, etc. Lo que esperaban que estuviera muerta era la apelación a la selección por las consecuencias en la explicación del comportamiento. La mente o, en su defecto, el cerebro deben ser restauradas a su legítima posición.

Por su semejanza con la lengua vernácula, la psicología cognitiva fue fácil de entender y la también llamada revolución cognitiva tuvo éxito durante un tiempo. Eso puede haber acelerado la velocidad con la que los analistas del comportamiento se apartaron del “establishment” psicológico, fundando sus propias asociaciones, manteniendo sus propias reuniones, publicando sus propias revistas. Fueron acusados de construir su propio gueto, pero simplemente estaban aceptando el hecho de que tenían poco que ganar con el estudio de una mente creativa.

La psicología cognitiva fue dejada como el acompañamiento científico de una profesión y como el apuntalamiento científico de campos de la psicología como el educacional, el clínico, del desarrollo, social y de otras muchas áreas de la fisiología. La ayuda que ha prestado a estos no ha sido conspicua. Una versión de la lengua vernácula refinada para el estudio de la vida mental casi no es de más ayuda que la versión secular/profana, especialmente cuando la teoría empezó a reemplazar a la introspección. Mucho más útil habría sido el análisis del comportamiento. Podría haber ayudado de dos formas, mediante la clarificación de las contingencias de refuerzo a las que la lengua vernácula alude, y haciendo posible el diseño de mejores ambientes (ambientes personales que resolverían los problemas existentes y ambientes o culturas de carácter más amplio en los que habría menos problemas). Una mejor comprensión de la variación y la selección significará una profesión más exitosa, pero si el análisis del comportamiento será llamado psicología, es un asunto que el futuro decidirá.

Documento original:
Skinner, B. F. (1990). Can psychology be a science of mind? [¿Puede la
psicología ser una ciencia de la mente?]. American Psychologist, 45(11),
1206-1210.
Traducido por Tomás Jesús Carrasco Giménez. Facultad de Psicología.
Universidad de Granada.

Disponible en: http://www.cienciaconducta.com/Biblio/Skinner.pdf

09
Jun
08

Pobreza: perspectivas Psicológicas

Rubén Ardila
Universidad Nacional de Colombia
(ruben.ardila@etb.net.co)

Quiero compartir con los miembros del grupo sobre Pobreza (SIP) algunas ideas, además de las que ya le hice llegar a la colega y amiga María del Pilar Gracioso de Rodríguez (Guatemala).

Las Naciones Unidas (UN) propusieron en el U.N. Millenium Project unas metas para disminuir la pobreza en el planeta. El Millennium Smmit de septiembre de 2000 enfatizó lo siguiente: adecuada nutrición a nivel mundial, salud, aprender a leer y escribir, y sostenibilidad ambiental. La meta es el año 2015, y se considera que es posible alcanzar los objetivos propuestos, de manera realista.

Es claro para las UN y para todos los participantes en este Proyecto, que la pobreza es un fenómeno multifacético. Las enfermedades están asociadas con problemas en la agricultura y con problemas en la educación. Existen enfermedades que tienen relación directa con la pobreza como la malaria, la tuberculosis, el parasitismo y el VIH/Sida. Por otra parte, la inadecuada productividad agrícola puede estar asociada con la malaria y otras enfermedades tropicales que pueden disminuir la capacidad de trabajo de los campesinos, reducir las cosechas, aumentar la desnutrición y por lo tanto incrementar la vulnerabilidad a las enfermedades. Es una cadena de múltiples causas, que puede producir un verdadero “círculo vicioso”.

Existen tecnologías de bajo costo para aumentar la productividad agrícola y de las pequeñas empresas, disminuir las enfermedades tropicales (vacunas, etc.), dar información apropiada sobre nutrición, adecuados fertilizantes e insecticidas que no deterioren el medio ambiente, información confiable acerca de cómo cocinar, hervir el agua no potable, transportar los productos a los mercados, detectar enfermedades, acudir a centros de salud, decidir autónomamente cuántos hijos tener y en qué momento de la vida, cómo extraer agua por medio de molinos etc.

En mi país, Colombia, el Proyecto Gaviotas en los Llanos Orientales ha sido pionero durante 30 años en la obtención de agua por medio de molinos de viento, y esta empresa (digna de Don Quijote, pero basada en la ciencia) ha sido exportada exitosamente a muchas naciones del mundo en desarrollo.

Salud, educación, productividad agrícola y acceso a mercados, son factores fundamentales en la erradicación de la pobreza, y son factores que se entrelazan unos con otros. Y en ese contexto tiene gran importancia la participación ciudadana, el empoderamiento, la resiliencia, la manera de cambiar las creencias ancestrales, las estructuras familiares machistas y excluyentes, el clasismo, el racismo disfrazado, el sexismo, etc.

Los cambios de hábitos, la modificación de actitudes, la formación de líderes comunitarios, la manera de comunicar información que sea apropiada par quien la recibe, son temas en los cuales los psicólogos somos expertos.

Hay una gran cantidad de investigaciones psicológicas sobre cambio social, prejuicios, el valor y el costo de los niños, las actitudes ante las enfermedades (la tuberculosis, la malaria, la lepra, el VIH/Sida), el lugar de los distintos grupos de edad en la sociedad, la falta de credibilidad de los políticos, la sabiduría ancestral de las abuelas , las creencias religiosas (y su influencia sea positiva o negativa…solo Dios lo sabe…), el empoderamiento de las mujeres, la percepción del futuro, el manejo del tiempo, la eficiencia y la eficacia… En fin, toda un acervo de investigaciones científicas que ha realizado la psicología y que se aplican directamente al estudio de la pobreza y a su superación.

Recordemos que el “Mundo en Desarrollo” es realmente el “Mundo Mayoritario”, Las tecnologías psicológicas para mejorar la calidad de vida en América Latina, Africa, Asia, y otras regiones del planeta, son realmente aportes para muchos millones de personas, y se refieren a problemas centrales en la existencia. Son asuntos de vida o muerte y de solidaridad humana

Disponible en: http://www.coedu.usf.edu/zalaquett/SIP_pobreza/Pobreza_RArdila.pdf

14
May
08

Pensamiento crítico vs. macaneo (De Mario Bunge)

Mensaje enviado a la Primera Conferencia Iberoamericana sobre Pensamiento Crítico desde Montreal, Canadá

extraido de: http://www.cfiargentina.org/cfiarg2/bunge.htm

Nuestra especie, Homo Sapiens Sapiens, emergió hace apenas 50.000 años. El pensamiento crítico es muchísimo más joven: nació en Grecia y en India hace apenas 26 siglos. Antes de ese evento, toda la gente se guiaba exclusivamente por la experiencia cotidiana o la fantasía sobrenaturalista, ya religiosa, ya secular.

Entonces nadie pedía pruebas de las hipótesis con que se pretendía explicar la realidad. En particular, nadie osaba dudar de las afirmaciones de los sacerdotes, shamanes, o gobernantes. Era la época de oro de los poderosos, que se salían con la suya con sólo exclamar “¡Síganme!”. Nadie les preguntaba por qué había que seguirles.

Tales de Mileto, famoso por el teorema que lleva su ombre, creó la primera cosmovisión occidental secular y racional, aunque fantasiosa vista a luz de la ciencia moderna. Tales también fue el primero en proponer una explicación científica del eclipse solar, que tanto asustaba a los antiguos, y el que atribuyó correctamente a la ocultación del Sol por la Luna, y no a dioses, demonios o magos.

El pensamiento crítico supera tanto al mágico como al religioso, a las ideologías tradicionales, a las seudociencias y a las seudofilosofías como la fenomenología y el existencialismo. Todas estas doctrinas son dogmáticas. Por ello todas ellas merecen la crítica del pensador riguroso.

Por ejemplo, el pensador crítico le exige al teólogo que pruebe la existencia de Dios; al neoliberal, que pruebe que el libre comercio elimina la pobreza y que las elecciones bastan para asegurar la democracia; al marxista-leninista, que pruebe que el Estado asegura la socialización de los medios de producción y que la dictadura lleva a la soberanía popular; al psicoanalista, que pruebe la existencia del alma trina e inmaterial y del complejo de Edipo; y al fenomenólogo, que pruebe que, para aprehender la esencia de las cosas, es necesario “ponerlas entre paréntesis”, o sea, fingir que no existen fuera del sujeto, en lugar de investigarlas científicamente.

Por ser antidogmático, el pensador crítico se expone a ser censurado, discriminado, perseguido o asesinado por los poderes que necesitan que los de abajo crean ciertos dogmas. Los argentinos saben algo de esto, porque vivieron muchos años a la sombra de la cruz, de la espada, de la llamada doctrina nacional, u otras supersticiones.

Por ejemplo, hace tres décadas, un tal Raúl Mendé, director de la Escuela Superior Peronista, declaró que “Perón no se equivoca ni puede equivocarse jamás. […] Porque todos los genios y los grandes hombres han padecido errores y defectos. Todos menos Perón.” Que yo sepa, el Nuncio Apostólico no protestó contra esta infracción al monopolio de la infalibilidad que se le atribuye al papa.

En la misma época floreció el tenebroso José López Rega (a) El Brujo, ministro peronista que había escrito libros sobre astrología, y que organizó la famosa Triple A, causante del exilio de miles de opositores, muchos de ellos científicos, y otros psicoanalistas, unos y otros considerados como competidores de las supersticiones que gozaban del beneplácito del gobierno.

Años después, Los psicoanalistas se vengaron. Al regresar del exilio organizaron Facultades de Psicología en las que no hay ni un sólo psicólogo científico, ni un sólo laboratorio psicológico. Que es como si las facultades de ciencias enseñaran alquimia en lugar de química, creacionismo en lugar de evolucionismo, y “medicinas” alternativas en lugar de medicina científica. Más aun, dado que incluso los taxistas porteños hablan de psicoanálisis, y los profesores de epistemología lo presentan como ciencia, la prensa no se atreve a publicar críticas a esta superchería.

Prueba al canto: hace cinco años, cuando se cumplió un siglo de La interpretación de los sueños, el Evangelio según San Segismundo, el decano de la prensa argentina rechazó un artículo mío sobre el tema. En él yo afirmaba que algunos dogmas de Freud fueron sometidos a pruebas experimentales, de las que salieron malparados, y que ninguno de ellos fue confirmado experimentalmente.

También informaba yo que en 2000 unos psicoanalistas neoyorkinos habían publicado un artículo en el International Journal of Psychoanalysis , en el que, después de reconocer que durante un siglo no había habido pruebas experimentales de su Evangelio, afirmaban haber realizado el primer experimento sobre la eficacia terapéutica de la doctrina. Pero, dado que ignoraban el ABC del método experimental, esos creyentes no habían incluido un grupo de control: sólo habían tenido en cuenta los presuntos resultados favorables que exhibían sus clientes.

Termino. Hubo un tiempo en que la clase dirigente argentina, aunque no creía en la justicia social, ni siquiera en la democracia política, creía en la ciencia. A esto se debieron creaciones tales como el Observatorio Astronómico Nacional, la Academia Nacional de Ciencias, la Universidad Nacional de La Plata, el primer laboratorio de psicología experimental en América Latina, las investigaciones paleontológicas de los hermanos Ameghino, y la inclusión de cursos obligatorios de ciencias en las escuelas secundarias.
Esa ideología procientífica pasó a la defensiva el 6 de setiembre de 1930, cuando fue reemplazada por el catolicismo agresivo, el fascismo de la Legión Cívica Argentina, el existencialismo, y otros yuyos. Durante esos años, el ministro del interior, apodado El Enterrador, exhibía orgullosamente retratos firmados de Hitler y Mussolini. Y el Ministro de Instrucción Pública, cuyo texto de zoología era obligatorio, declaraba su hostilidad a la biología evolutiva y enseñaba su propia teoría fantasiosa de la mitosis.

Desde entonces, la ciencia argentina avanzó mucho, luego retrocedió, más tarde se recuperó y ahora está estancada. Pero, a diferencia de lo que ocurrió entre 1880 y 1930, los avances de la ciencia fueron anulados
por los de las seudociencias. El país nunca volvió a tener un presidente ni un ministro procientíficos como Domingo F. Sarmiento y Joaquín V. González respectivamente. En cambio, se convirtió en el paraíso de astrólogos, homeópatas, psicoanalistas y shamanes de otras escuelas, todas ellas lucrativas y ninguna exploradora de la realidad.

¿No es hora de que los intelectuales argentinos aprendan a distinguir la moneda cultural falsa de la auténtica, el dogma de la hipótesis contrastable, y el macaneo desenfrenado del pensamiento crítico?




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